Viernes 23 de Agosto de 2019
 
 
 
 
13 de Mayo de 2008
     
 
   
 
Identifican procesos neuronales que permiten evitar colisiones
 
Este conocimiento podría aplicarse a dispositivos de seguridad en automóviles
Como la mayoría de los animales, los insectos y los cangrejos tienen la capacidad de detectar visualmente la aproximación de un predador y también de evitar colisionar con objetos que se encuentren en su trayectoria de desplazamiento. En milisegundos, sus pequeños cerebros pueden estimar la distancia y la velocidad a que se acerca un objeto y así realizar maniobras para esquivarlo. Esta rapidez de reflejos explica, por ejemplo, por qué es tan difícil atrapar una mosca.

Un equipo del Ifibyne-Conicet, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (Fceyn), ya dio con algunas claves de los mecanismos que emplean estos animales para evitar el choque.

¿Cuál es el factor que dispara la huida? Podría ser cierto tamaño del objeto, determinada velocidad de los bordes de la imagen en la retina o la integración de ambos factores. Pero los investigadores observaron que el movimiento del animal se acelera en el instante en que el objeto adquiría un determinado tamaño angular.

"Tratamos de determinar de qué manera las neuronas, para anticipar la colisión, analizan la imagen del objeto que se acerca; es decir, queremos saber cuál es el parámetro de la imagen que analiza el cerebro para decidir y controlar la evitación", afirma el doctor Daniel Tomsic, investigador del Conicet y de la Fceyn.

Los seres humanos realizamos estimaciones sobre la distancia de los objetos en múltiples situaciones, por ejemplo en un partido de tenis, en que cada jugador, para responder al saque del oponente, debe procesar, con una velocidad de microsegundos, la velocidad, la fuerza y la dirección de la pelota para pegarle en el momento justo y con la fuerza adecuada. "Todos estos comportamientos están guiados por el análisis que efectúa el cerebro mientras el objeto se aproxima. Por ejemplo, analiza la imagen de la pelota, que se agranda más velozmente a medida que se acerca", dice Tomsic.

Peligro y huida

En el cangrejo, Tomsic ya ha podido identificar las neuronas especializadas en detectar colisiones. Ahora, el objetivo es determinar cuál es el parámetro que dispara el reflejo de evitación.

Para eso, los científicos diseñaron un experimento que simula una situación de peligro y huida. El cangrejo, parado sobre un dispositivo que registra sus movimientos, recibe de una pantalla la imagen de un objeto que se expande y simula la aproximación veloz de un predador. Ante esa visión, el animal intenta la huida, siempre y cuando el objeto alcance cierto tamaño.

"Con diferentes estímulos encontramos un valor constante que corresponde al tamaño angular crítico que dispara la respuesta", dice Tomsic, y aclara: "Eso no ocurre siempre al mismo tiempo, porque las dinámicas de expansión son diferentes".

Pero los investigadores no sólo estudiaron el comportamiento de los animales, sino que también quisieron determinar mediante estudios electrofisiológicos qué pasa en el interior del cerebro. Con la ayuda de un pequeño electrodo insertado en la neurona detectora de colisiones, pudieron ver en qué momento se activaba.

A medida que el objeto se acerca (incrementa su tamaño en forma acelerada), la neurona aumenta la frecuencia en que dispara potenciales de acción, es decir, las ondas de descarga eléctrica que emplean estas células para transmitir información a otras neuronas que activan los músculos para el escape. Encontraron que el momento y la velocidad con que se ejecuta el escape están en directa relación con la frecuencia con que disparan estas neuronas. Estas, detectoras de colisiones, no responden ante cualquier tipo de estímulo, como la luz o el movimiento tangencial de un objeto. Es decir, sólo aumentan su actividad ante un objeto que se aproxima, y esta respuesta anticipa el inicio del escape.

¿Autos más seguros?

La enorme capacidad del pequeño cerebro de los insectos y cangrejos para procesar información espacial con alta eficiencia ha despertado el interés de los diseñadores de dispositivos robóticos. En efecto, en los últimos años, gracias al trabajo conjunto de biólogos, físicos e ingenieros, hubo un creciente desarrollo de robots a partir del conocimiento de los sistemas de detección y locomoción de animales invertebrados. Es más: algunas empresas automotrices están interesadas en aplicar estos conocimientos para fabricar autos más seguros. La idea es diseñar sensores electrónicos capaces de detectar objetos (un vehículo, un animal o una persona) que se encuentren en la línea de desplazamiento del auto, anticipar una posible colisión y, de este modo, disparar mecanismos de protección, como la activación de los airbags o el ajuste de los cinturones de seguridad antes de que se produzca el choque.

"En el animal hay información valiosa para entender cómo en un pequeño cerebro se pueden realizar cálculos que permiten anticipar y evitar las colisiones. Cuántos de esos datos vamos a poder extraer en el mediano plazo y trasladarlos no lo sé, pero esa información existe y está disponible, tenemos que ir por ella", concluye Tomsic.

Fuente: Diario La Nación, edición on line del 13 de mayo de 2008. Nota firmada por Susana Gallardo, del Centro de Divulgación Científica, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires
 
           
     
         
 
   
     
Ir al sitio web de ACARA