Domingo 16 de Junio de 2019
 
 
 
 
23 de Mayo de 2008
     
 
   
 
Camiones demasiado pesados
 
Un editorial del Diario La Nación que refiere a la saga de caídas de mercadería de camiones sucedida desde el 8 de mayo
Tres accidentes viales similares, ocurridos en el término de 15 días, reavivaron las prevenciones provocadas por el constante tránsito de camiones pesados a lo largo y lo ancho de casi toda la ciudad de Buenos Aires, y muy especialmente por zonas céntricas inapropiadas para esos menesteres.

En el primero de ellos, cientos de kilos de limones cayeron desde una altura de 15 metros, al desprenderse de la caja de un vehículo de carga que ascendía por una de las rampas del distribuidor de autopistas ubicado en la intersección de las avenidas 9 de Julio y San Juan. Por fortuna, la inesperada lluvia frutal no se derramó sobre las cabezas de los peatones y los techos de los automóviles que en gran cantidad circulan por ese lugar.

Cinco días después, desde el mismo tramo y un vehículo de similar porte, se desplomaron varios rollos de aluminio laminado. Cada uno de ellos pesaba algo más de una tonelada. El azar volvió a ser favorable: nadie ni nada, salvo el piso, tuvieron que padecer el impacto del peligroso derrumbamiento. Finalmente, ayer y desde el mismo lugar, otro camión regó láminas metálicas sumamente pesadas. Por fin, las autoridades clausuraron el acceso a esa rampa, con las consiguientes molestias y dificultades para el resto del tránsito.

Es obvio que esos camiones no paseaban por allí: estaban trabajando. Pero esa circunstancia y la solución precaria, impuesta por la fuerza de los hechos reiterados, no exime a quien corresponda del requerimiento de verificar con premura si esas rampas admiten los ascensos y descensos de esa clase de vehículos y si los vehículos accidentados, en particular, venían circulando por la renovada red de tránsito de cargas o lo hacían por arterias vedadas para ellos y, por ende, incurrían en infracciones que, como suele ser habitual, no merecieron la atención de las autoridades policiales hasta ocurridos esos potencialmente graves percances.

Otras ciudades del exterior, tanto o más importantes que la de Buenos Aires, no conciben la forzosa convivencia del tránsito liviano y mediano con vehículos de mucho más amenazantes volumen y peso.

Esta afluencia irregular entorpece la circulación, de por sí engorrosa, y trae aparejada la probabilidad de contingencias de consecuencias potencialmente graves.

Las soluciones están, sin embargo, al alcance de la mano: disponer que ciertas labores fuesen realizadas en horarios nocturnos; ajustar los controles y las penalidades; definir la muy demorada construcción de la autopista pasante que, por la zona portuaria, debería interconectar las autopistas Buenos Aires-La Plata y 25 de Mayo con la autopista Presidente Illia, y, por fin, instalar en áreas urbanas y suburbanas marginales apropiadas, como tantas veces se propuso y jamás se hizo, playas de transferencias de los cargamentos a camiones de menor porte.

Seguir postergando esas medidas equivaldrá a la continuidad de las molestias y los riesgos causados al resto de la población. Y ése, sin duda, sería el mal menor porque también se mantendría viva la probabilidad de un accidente irremediable, respecto del cual, si por desgracia llegase a producirse, sólo restarían vanos lamentos que en nada remediarían las consecuencias de tan imperdonables imprevisiones.

Fuente: Diario La Nación, nota editorial de la edición on line del 22 de mayo de 2008.
 
           
     
         
 
   
     
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