Domingo 25 de Agosto de 2019
 
 
 
 
28 de Mayo de 2008
     
 
   
 
Un fenómeno cada vez más costoso para la Argentina
 
Se importan ahora más combustibles
Hubo una época en la que cada escalón que subía el precio del petróleo en el mundo generaba más beneficios que costos para la Argentina. Pero luego de varios años de crisis energética y una política estatal más agresiva, las ganancias comienzan a debilitarse y los perjuicios, que incluyen un impacto directo en el bolsillo de los consumidores, no sólo se multiplican, sino que amenazan con ser cada vez mayores.

El país forma parte, por ahora, del selecto grupo de países exportadores de petróleo del planeta. Este atributo le permitiría traducir la escalada del crudo en más ingresos por las exportaciones de energía. Pero se trata de un beneficio agónico: el país vende cada vez menos crudo y derivados y, por el contrario, importa un volumen cada vez mayor, debido a que la producción local de gas, petróleo y combustibles está en franco descenso y no da abasto para proveer a una economía en pleno crecimiento.

La Argentina va en camino de convertirse en importador neto de energía. De hecho, ya se trae electricidad, gas, gasoil, fueloil y nafta común desde los países vecinos o desde Venezuela. Para algunos, el país deberá volver a comprar petróleo antes de que termine esta década. Es precisamente por eso que ven en la escalada del petróleo una amenaza, un costo potencial muy alto. El ex secretario de Energía Daniel Montamat lo sintetiza en una frase: "Es pan para hoy y hambre para mañana".

En los primeros cuatro meses de este año, el saldo del intercambio energético se amplió respecto del mismo período de 2007, pero fue sólo gracias al movimiento de los precios: el volumen exportado cayó. Todo el invierno está por delante. Según estimaciones de FIEL, con un barril a 120 dólares, las importaciones de gas natural demandarán 250 millones de dólares más que el año anterior. FIEL estima que el superávit energético se evaporará en 2009.

El país deberá, entonces, enfrentarse a los precios internacionales, una realidad que el Gobierno buscó eludir a toda a costa, aun cuando esa cruzada generó una sangría en las cuentas públicas a través de los subsidios, muy superiores a los ingresos que generaron las retenciones a las exportaciones de petróleo.

Costo fiscal

La industria, los consumidores y el Estado deberán enfrentar, en esa instancia, costos mayores. "El aumento del precio del petróleo va a aumentar el costo fiscal de mantener congelados los precios internos de la energía, lo cual eventualmente puede volverse insostenible", sugirió Pablo Morra, analista de Goldman Sachs.

Nadie puede negar que los precios de la nafta y el gasoil se han movido con más velocidad en el último tiempo -sobre todo en el interior del país-, pese a la presión que el oficialismo ejerce sobre las empresas, prohibiendo, por ejemplo, sus exportaciones. Pero aun estos retoques, avalados desde Olivos, "no captan ni por asomo el aumento en los valores internacionales", según indicó el analista José Siaba Serrate.

La suba de los combustibles en las estaciones de servicio es sólo un ejemplo del impacto que el crudo tiene sobre la inflación. Productos como los agroquímicos, los plásticos, el caucho, los neumáticos, el telgopor o la pintura están directamente vinculados con el precio del petróleo. Uno de los argumentos más utilizados por las aerolíneas para presionar por el ajuste de las tarifas de cabotaje fue la suba en los costos del combustible JP1, también ligado al crudo. Son, en definitiva, algunas evidencias de que el petróleo aún alcanza todos los rincones de la economía.

Fuente: Diario La Nación, edición on line del 28 de mayo de 2008. Rafael Mathus Ruiz

 
           
     
         
 
   
     
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