Martes 24 de Septiembre de 2019
 
 
 
 
10 de Abril de 2008
     
 
   
 
La inseguridad vial sigue en la agenda de los medios
 
Un editorial del Diario La Nación refleja la preocupación de la opinión pública acerca del peligro que puede conllevar la presencia de tantos camiones pesados en las rutas
Numerosos accidentes de tránsito recientes, trágicos en no pocas ocasiones, en los cuales participaron camiones pesados, han despertado la atención de la opinión pública frente al invasivo proceder de muchos de estos vehículos.

Los camiones de gran porte han invadido hasta las más modestas zonas de la vía pública, con un agravante: sus conductores suelen ignorar las reglamentaciones que, en vano, procuran ordenar la circulación.

El calificativo de "gran porte" no es gratuito. Se trata de rodados que incluso vacíos pesan varias toneladas. Ni qué decir de hasta qué punto se incrementan esas cantidades, de por sí elevadas, cuando transportan cargas, muchísimas veces ubicadas en contenedores cuya estabilidad, como se puede apreciar a simple vista, es precaria.

En esas condiciones, el denominado tránsito pesado marcha, casi siempre velozmente, por donde mejor le conviene, incurre en maniobras riesgosas, entorpece el tránsito y parecería no haber tomado nota de que dentro de la ciudad de Buenos Aires debería respetar la disposición que le impone circular solamente por la red vial que tiene asignada. La Policía Federal, que hasta el momento tiene a su exclusivo cargo el control del tránsito, poco o nada hace para impedir esas infracciones.

Tanto desgobierno, que suele extenderse a las rutas, ha tenido más de una consecuencia grave. En definitiva, otro saldo negativo del estado de anomia que está enfermando a nuestra sociedad.

Las autoridades locales se han hecho positivo eco de esas alternativas. Era hora: alrededor de 50.000 camiones transitan en forma cotidiana por nuestra ciudad; de ellos, 18.000 son semirremolques o arrastran acoplados.

Se ha propuesto que, en determinados horarios, las avenidas Madero y Huergo quedaran reservadas en forma exclusiva para esta clase de vehículos; que el puerto porteño, área dependiente del gobierno nacional, también funcione en horario nocturno, y que las tarifas de los peajes para el transporte pesado sean encarecidas en los horarios pico.

Asimismo, una vez más, ha sido subrayada la apremiante necesidad de construir de una vez por todas la autopista ribereña. Tal vez las autoridades locales, con esa propuesta, hayan puesto el dedo en la llaga: esa obra vial viene siendo debatida desde hace más de una década y ha dado lugar a infinidad de debates, propuestas y proyectos, pero sigue en veremos. Los porteños memoriosos asimilan tan inexcusable demora a las idas y venidas que a mediados del siglo XX terminaron en que se tomase en broma la construcción del Mercado del Plata.

No es el problema más grave de los muchos que afectan al país en general y a la ciudad de Buenos Aires en particular. Pero resolverlo es imprescindible si se alienta la sana pretensión de poner orden en el caótico tránsito porteño.

Todas esas medidas son imprescindibles y urgentes, ciertamente, aunque no hay dudas de que su eficiencia se duplicaría si, además, dispusiesen de ese insustituible puntal que es la voluntad política de hacer respetar y cumplir las leyes y las reglamentaciones en forma tal que no sean pura letra muerta.

Fuente: Diario La Nación, edición impresa del 10 de abril de 2008
 
           
     
         
 
   
     
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