Martes 24 de Septiembre de 2019
 
 
 
 
21 de Abril de 2008
     
 
   
 
Nuevo editorial sobre la seguridad vial
 
Una vez más, La Nación llevó a su editorial, con el título "Récord de accidentes viales", el acuciante problema de la muerte en las rutas argentinas
Nuevos datos, esta vez provenientes de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires, confirman el poco o casi ningún apego que los argentinos tienen por el acatamiento a las normas, cualesquiera éstas sean, y por el respeto de la vida misma, la propia y la de los demás. En el nivel nacional, el país ostenta un penoso récord, como lo es el de tener uno de los índices de mortalidad por accidentes viales más elevado del mundo. Las cifras de muertos van desde los 3500 hasta los 8000, según se tomen datos parciales oficiales o de diferentes organizaciones no gubernamentales.

Los nuevos guarismos porteños están basados en las estadísticas de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal, que reúne a las 53 comisarías porteñas, según los cuales, durante 2007, se registraron en la ciudad de Buenos Aires 10.697 accidentes de tránsito, en los que fallecieron 138 personas y 11.635 resultaron heridas. Los números de 2007 reflejan un incremento en la cantidad de accidentes, lesionados y víctimas mortales respecto de 2006. Con relación a estas últimas, crecieron un 30 por ciento si se comparan las estadísticas de los dos años: 138 el año pasado, contra 106 del año anterior. Según estos datos estadísticos, se calcula que sucedieron un promedio de nueve accidentes con víctimas mortales y otros 897 con lesionados por mes.

Sin embargo, y si bien estos datos son de por sí penosos, existen otros dos que suman preocupación. Por un lado, el aumento de muertos fue muy superior al del total de accidentes, que sólo creció un 1,7 por ciento, lo que permite suponer que los choques fueron más violentos. Por el otro, la información de la Policía Federal incluye a las personas fallecidas en el lugar del choque y no posteriormente, como lo hacen otros estudios estadísticos, por lo que cabe sospechar un número mayor de víctimas mortales. De acuerdo con el informe, los peatones fueron las principales víctimas: 44,2 por ciento de los muertos y 28,2 por ciento de los heridos. Además, el 64 por ciento de las víctimas fueron hombres. Y la mitad de los lesionados y un tercio de los muertos eran jóvenes. Este último dato va de la mano con otra estadística de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señala que los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte entre las personas de 10 a 24 años.

Pocos días atrás se sancionó la ley de seguridad vial, apenas unas horas después de que en la ruta 9 se produjera una serie de accidentes que involucraron a unos 40 vehículos y dejaron como saldo cuatro víctimas mortales y otras 25 con heridas de distinta consideración. La ley tendrá alcance nacional en virtud de que el gobierno nacional firmó un acuerdo marco con las provincias. Sólo resta la adhesión de San Luis. Además de establecer una licencia única de conducir para todo el país, la ley establece el sistema de licencia por puntos e incorpora entre las nuevas infracciones de tránsito la de transportar un número de personas superior a la capacidad del vehículo. La lista incluye, también, como falta grave, manejar utilizando auriculares, celulares y pantallas o monitores de VHF o DVD.

Es indudable que buena parte de la sociedad carece de una cultura vial, indispensable para reducir el número de accidentes. Así, por ejemplo, son pocos los motociclistas que circulan por las calles con el casco puesto. Algo similar ocurre con el uso del cinturón de seguridad, a pesar de que se sostiene que su utilización reduce de un 40 a un 65 por ciento el riesgo de heridas graves o mortales. El incremento en la cantidad de accidentes con colectivos, con más de 200 heridos en lo que va del año, habla también de la escasa conciencia al manejar.

Es de esperar que las autoridades y los particulares tomen clara conciencia de lo que ocurre en materia de accidentes de tránsito cuando las normas en vigor no son cumplidas, cuando las sanciones no se imponen, y cuando los controles y las campañas de educación vial no son sostenidas en el tiempo. La anomia y la desidia deben desaparecer, de lo contrario, mientras sigan influyendo en los aspectos referidos a la seguridad vial, será muy difícil, o casi imposible, abandonar los primeros puestos del ranking de muertes en accidentes de tránsito.

Fuente: Diario La Nación, Edición Impresa del 21 de abril de 2008
 
           
     
         
 
   
     
Ir al sitio web de ACARA