Sábado 15 de Junio de 2019
 
 
 
 
9 de Septiembre de 2008
     
 
   
 
La ciudad, presa del tránsito caótico
 
Ayer volvieron a registrarse demoras de varias horas para circular; dos heridos por roces con vehículos
Por segundo día hábil consecutivo, ingresar y salir del centro ayer fue una odisea, principalmente por la alta concentración de camiones sobre el eje de las avenidas Huergo y Madero, que obliga a los automovilistas a desviarse por Alicia Moreau de Justo o por Leandro N. Alem, naturalmente saturadas.

Colas de vehículos pesados comenzaron a registrarse desde temprano en la zona del Bajo, para mal de los autos particulares que quedaron atrapados entre ellos. El tiempo de viaje desde Retiro hasta la avenida Corrientes, un trayecto de apenas ocho cuadras, superaba la media hora ya cerca de las 15.30.

Más tarde, dos accidentes de tránsito complicaron todavía más la situación: un peatón sufrió heridas en la esquina de Ricardo Rojas y Reconquista, mientras que en Paseo Colón e Independencia un auto embistió a un motociclista, que resultó lesionado y fue atendido por una ambulancia del SAME.

No llama la atención la permanente ocurrencia de incidentes viales en la ciudad. Actualmente, recorre las calles porteñas un 5,5 por ciento más de vehículos que en diciembre del año pasado, según datos suministrados por la Dirección General de Tránsito porteña; los valores también marcan un 16,6% de incremento en el promedio de tránsito medio diario anual (TMDA), respecto de 2004. La red de infraestructura, en cambio, se mantiene igual que siempre.

Ningún plan oficial y ni siquiera el precio cada vez más caro para estacionar en el centro lograron hasta ahora desalentar el uso de autos particulares para ingresar en la Capital, ante las notorias deficiencias del transporte público.

En tanto, 50.000 camiones transitan diariamente por Buenos Aires, 18.000 de ellos con semirremolques o acoplados. Estas cifras duplican los números que se manejaban hacía cinco años.

Paralelamente, la suba del movimiento de contenedores hacia y desde el puerto fue del 430% entre 1990 y 2007. Ayer, al igual que sucedió el viernes pasado, la afluencia de camiones sobre Huergo y Madero -paso obligado para el tránsito pesado entre el Norte y el Sur- tuvo un pico debido a que, durante el miércoles de esa semana, las operaciones portuarias permanecieron paralizadas y, tras la reactivación, el transporte de cargas debió recuperar los viajes perdidos (sobre lo que se informa en el suplemento Comercio Exterior).

Múltiples factores
Ante la reiteración de este caos, la administración de Mauricio Macri planificaba establecer una circulación exclusiva para el transporte de carga y de pasajeros por las avenidas Huergo y Madero, aunque en determinadas horas, combinada con un prácticamente imposible traslado de los viajes al horario nocturno: por la noche, no sólo los costos del transporte son más caros, sino que también la inseguridad afecta más a los camioneros, según argumentan voceros del sector.

Hasta el momento, no hubo avances en ese sentido.

La aglomeración vehicular, sin embargo, no es el único factor que influye en los accidentes viales. A ella se suman las conductas desaprensivas de los conductores, en una suerte de sálvese quien pueda: quienes circulan en un sentido no dudan en cruzar las bocacalles cuando el semáforo cambió a amarillo y obstruyen el camino de quienes deben atravesar las esquinas en el sentido contrario.

Por su parte, los motociclistas hacen zigzag entre autos, colectivos y taxis todo el tiempo, para sobrepasarlos y posicionarse mejor. Y los taxis vacíos siembran su cuota al andar a paso de hombre entre los colectivos en busca de pasajeros. En medio de este panorama, los peatones terminan surcando calles y avenidas por donde pueden y como pueden. Todo esto puede constatarse día tras día, al igual que la ausencia de policías para ordenar el caos y el gran número de vehículos que estacionan en forma indebida, por ejemplo, sobre Madero.

Otro factor que afecta la capacidad para circular por la zona del Bajo porteño reside en la demora que registra la construcción por Puerto Madero de las varias veces anunciada autopista ribereña, que -según los estudios técnicos- servirá para canalizar los flujos pasantes en sentido Sur-Norte.

Esta obra deben encararla juntos los gobiernos nacional y porteño, pero ni siquiera se avanzó en la traza definitiva, tal como informó La Nación en su edición de anteayer.

Así las cosas, ayer al anochecer fue nuevamente un caos abandonar la ciudad. Los embotellamientos, los bocinazos y el malhumor de los conductores eran más que palpables.

El tránsito registró demoras en las principales arterias de la zona de Congreso, del Bajo y de Retiro. Además, hubo atascos en las avenidas Del Libertador y Figueroa Alcorta hacia el Norte y en la Avenida 9 de Julio hacia Constitución.

Por obras sobre la calzada, hubo problemas en la avenida Córdoba, entre Alem y Madero, al igual que en la zona de Libertador y Dorrego.

En la autopista Illia, y en las avenidas Costanera y Cantilo, el movimiento de vehículos sufrió trastornos hasta el empalme con la General Paz. Sobre ésta, el tránsito estuvo cargado desde Balbín hasta Liniers, al igual que ocurrió sobre la autopista 25 de Mayo en la mano hacia el oeste del Gran Buenos Aires.

Fuente: Diario La Nación, edición on line del 9 de septiembre de 2008.
 
           
     
         
 
   
     
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