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18 de Junio de 2008
     
 
   
 
La furia del camino
 
Una nota de opinión publicada en La Gaceta On Line, acerca de la inseguridad vial. El artículo hace hincapié en lo que se da en llamar, en otros países, "ira de carretera"
El fenómeno de las “muertes por gotera” (gente que fallece días después del accidente) genera que la sociedad esté anestesiada.

Estamos anestesiados. Muere gente en medio del caos del tránsito y en las rutas. Mucha gente. Hace 15 años se decía que era como si se cayera un avión repleto de pasajeros cada tres días. Ahora se dice que es como si el boliche Cromagnon se incendiara una vez por semana. Y se explica: por día hay 60 choques en Tucumán y 30 víctimas mortales en el país, y el Estado gasta 5.000 millones de dólares anuales para atender a los heridos. El director de Emergentología, Juan Masaguer, habla de las “muertes por gotera”, esto es, los decesos que se producen varios días después de los accidentes, y que no quedan contabilizados en la estadística.

Como estamos amortiguados, poco nos sorprenden las cifras, que sí las viven los que atienden las emergencias, porque presencian a diario el dolor y la tragedia. Al común de la gente le sorprenden los crímenes y las peleas, pero no advierte la desproporción entre la violencia criminal y la violencia en el tránsito. El director del Padilla, Eugenio Lobo, relató que en 2007 atendieron 187 heridos a cuchilladas y 167 baleados, y, en cambio, hubo 2.646 atendidos en emergencias por distintos accidentes.

El ser escondido
El tránsito tiene violencia. Masaguer afirma que en las calles se despierta el ser violento que todos tenemos escondido y cada vehículo se convierte en un arma asesina. Se apoya en una encuesta reciente que dice que el 53% de los conductores insulta y gesticula frente a otros automovilistas; el 42% toca bocina en forma agresiva; el 9% de los hombres se trabó en lucha con otros y el 70% acelera cuando el semáforo se pone en amarillo, en vez de frenar.

En Estados Unidos estudiaron el fenómeno de los conductores agresivos: lo llaman Road rage o “furia del camino”. Y describen que son personas que no soportan la frustración de esperar en el semáforo, que están pendientes de los errores de los otros y sienten la necesidad de hacer justicia enseñándoles. ¿Habrá algo en común con ese 53% de conductores que insulta a los demás?

Hace poco un juez de Instrucción envió a juicio el caso de los automovilistas Martín Sánchez y Juan Manuel Pacios, que se pelearon porque sus autos se rozaron en Salta y Santa Fe. Pacios recibió fuertes golpes en la cabeza con un palo y Sánchez enfrenta ahora la responsabilidad de semejante explosión de “furia del camino”. ¿Cuántos conatos de agresión similares se dan a diario? Masaguer dice que ahora, además de los heridos en los choques, en el hospital hay que atender a los que se bajaron del auto y se golpearon después del choque.

Hasta acá las consecuencias. ¿Qué se ha hecho frente a esto? El Gobierno creó una Policía Vial e hizo que se aplicaran controles de alcoholemia. Pero el comisario Guido Salas dice que en todo 2007 secuestraron 3.507 vehículos y, hasta el 2 de junio de este año, 3.087. Es decir que este año se duplicarían los secuestros, con controles y todo. “Es espantoso que esto ocurra, porque es una prueba de que los tucumanos no cumplen con la ley”, opina.

También el doctor Lobo se asusta del comportamiento de la gente. “El factor principal es el incumplimiento de las más elementales normas de tránsito”, afirma. Agrega que esta conducta, que se da en todo el país pero que le parece patrimonio de los tucumanos, “es tanto de los peatones como de los conductores”.

Pero, ¿realmente la responsabilidad es de la gente? ¿Por qué culpar al súbdito de lo que hace el monarca? Desde hace años se discute por la forma en que se entregan los carnets de manejo (todavía es posible conseguir licencias en municipalidades del interior sin pasar un examen ni gastar demasiado dinero); no se reglamentó la Ley Nacional de Tránsito; no acuerdan las distintas municipalidades; en las rutas circulan autos rurales y ómnibus limoneros en estado lamentable (no sabemos lo que va a pasar con las rastras cañeras), los mismos vehículos municipales circulan sin luces ni patentes; desde hace meses se hace la vista gorda frente a los carros tirados por caballos en la ciudad; se implementó un sistema para hacer que la Policía cobre multas porque, en el fondo, se desconfiaba de los agentes municipales de tránsito; desde hace más de una década hay un Consejo de Seguridad en el Tránsito integrado por las municipalidades, pero no hace nada.

Intereses sectoriales
Siempre, en nuestro medio, se han buscado normas pero han prevalecido los intereses sectoriales. Ni que hablar de los concejales que prorrogan in aeternum la autorización para que taxistas y remiseros circulen con vehículos destrozados.

De más está decir que si la gente ve que la autoridad es displicente, sospechosa e injusta a la hora de hacer cumplir la ley, difícil es que se pretenda que cambie el caos en el tránsito. Aunque pongan más policías viales y hagan más controles de alcoholemia.

Acaso haya que trabajar en otros sentidos. Capacitar al soberano. Controlar al que controla. Educar al que debe contrarrestar la violencia. Escuchar al que debe curar. No es sólo un asunto de conductores violentos o mal preparados, ni de autoridades incapaces o coimeras. La furia del camino es un profundo problema cultural y social.

Fuente: La Gaceta web, edición on line del 17 de junio de 2008. La nota de opinión está firmada por el Prosecretario de Redacción de ese medio, el Sr. Roberto Delgado

 
           
     
         
 
   
     
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