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25 de Septiembre de 2008
     
 
   
 
La Panamericana de noche: poco control y mucha imprudencia
 
Durante los fines de semana manda el exceso de velocidad y hay conductores que manejan peligrosamente y en zigzag. Además, hacen pocos controles de alcoholemia. Y se repiten los accidentes graves, con muertos, en su mayoría jóvenes
Es, además de la autopista más larga y transitada de Buenos Aires, el principal acceso a la Ciudad. En promedio casi 800.000 autos circulan diariamente sus 120 kilómetros de extensión pero durante la noche, especialmente los fines de semana, se transforma en una pista de carreras. Pese a sus buenas instalaciones -la mayor parte de toda su extensión es amplia, limpia y está bien señalizada e iluminada- termina siendo una trampa mortal. Y en estas últimas semanas ha sido el escenario de dos accidentes trágicos e impactantes, que le costaron la vida a cuatro jóvenes.

El 7 de setiembre, a la siete de la mañana, Agustín Martínez (18) estrelló su Chevrolet Astra contra un paredón de la autopista y se mató. Viajaba con un amigo, que se salvó de milagro. Fue a la altura de la avenida Márquez y según dijeron fuentes policiales el auto podría haberse descontrolado porque iba a una gran velocidad. Siete madrugadas después tres chicos del colegio Newman, de 17 años, perdieron la vida cuando la Toyota Hilux en la que viajaban chocó contra la valla de contención del puente sobre la avenida Henry Ford. El impacto fue tal que la camioneta se partió en dos. Y aquí también las primeras pericias relacionaron el accidente con la velocidad.

En una recorrida por la autopista Clarín habló con la gente que trabaja durante los fines de semana y es testigo de la imprudencia detrás del volante: "¿Qué querés? Imaginate si tenés 18 años, un autazo y la Panamericana que parece una pista. ¿Cómo hacés para no pisar el acelerador?", se pregunta Antonio, el encargado de vigilancia en la estación YPF de Bancalari, a metros del cruce con el Camino del Buen Ayre. Antonio trabaja todos los sábados y sabe de qué habla. Los accidentes ya no lo sorprenden: "Acá no se vende alcohol y los pibes lo saben, pero igual preguntan. Compran hielo y salen a buscar "chupi" por algún quiosco. Y encima después siguen en los boliches. Muchos vuelven para desayunar", contó Antonio.

Es que, según la información oficial a la que pudo acceder este diario, hay sólo dos radares para fiscalizar la velocidad a la que circulan los autos y los viernes y sábados, durante la noche, hay apenas dos controles de alcoholemia en toda su extensión.

Ser joven y estar detrás de un volante ya implica cierto riesgo. En Argentina los menores de 30 años protagonizan el 46% de los accidentes graves, según las últimas estadísticas elaboradas por el Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV). Y durante la noche y la madrugada las cosas se agravan, por la ingesta del alcohol. "Hacemos dos controles en puestos fijos: uno por la noche, cuando la gente va hacia los restaurantes y boliches, y otro por la madrugada, cuando vuelven. Los sábados realizamos 60 test", detalló el capitán Alejandro García, jefe de la Policía Vial Panamericana Norte.

Los escasos dos radares que hay para multar el exceso de velocidad están ubicados en motos: "La Panamericana tiene dos manos y tres ramales, el troncal, Pilar y Tigre. Me parece que es más que evidente que los radares que hay no alcanzan. Se necesitarían al menos seis radares, uno para cada mano y ramal", opinó Gustavo Brambati, del Centro de Experimentación y Seguridad Vial.

Sobre la autopista el control del tráfico recae sobre Gendarmería y la Policía Bonaerense, y éstos últimos son los únicos habilitados para labrar multas. Además Autopistas del Sol -la empresa concesionaria- contrata servicios adicionales, patrulleros, motos, aparatos de comunicación y aporta dinero también para el combustible: "No estamos obligados a hacerlos y tampoco tenemos potestad para hacer controles, pero nosotros queremos que la vía sea lo más segura posible" le dijo a Clarín el ingeniero Gustavo Binner, jefe de seguridad vial de la autopista. Según la empresa, pese al aumento en el flujo de tránsito, los accidentes bajaron: en 2000 el promedio mensual de fallecidos fue de 5,3 y en 2007 fue de 3,3. Y los accidentes también: en 2000 hubo 174 por mes y en 2007, 168.

Para las Madres del Dolor las estadísticas son relativas: "El mismo fin de semana que fallecieron los tres chicos sobre la Panamericana a nuestra asociación nos llegaron denuncias por otras siete muertes en zona Norte, todas por exceso de velocidad. Y ninguna de estas muertes se conocieron en los medios. No sabemos si algún funcionario las sumó a sus estadísticas", contó Viviam Perrone. Las Madres del Dolor vienen reclamando que los controles sobre Panamericana se hagan en conjunto con los municipios: "En Vicente López se hacen controles estrictos, entonces para evitarlos los chicos suben a la autopista para burlar esa localidad y bajan a la altura de San Isidro, porque allí los controles son absolutamente laxos", advirtió.

Para Pablo Martínez Carignano, el director de Seguridad Vial de la Ciudad, la clave son los controles coordinados: "Hay que equiparar los controles, porque si en Capital hay muchos y en Provincia no, entonces los pibes identifican el Conurbano como una zona liberada", explica. En el ámbito porteño se hacen unos 500 test de alcoholemia por noche, de los cuales el 6% da positivo los fines de semana y la mitad de esos conductores tienen residencia en Provincia.

Todavía lejos de las soluciones definitivas cada madrugada es casi la antesala de la tragedia sobre la autopista más transitada del país

Fuente: Diario Clarín, edición on line del 25 de septiembre de 2008. Nota firmada por Silvia Gómez
 
           
     
         
 
   
     
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